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jueves, 17 de marzo de 2011

Evolucion



Hola, hola, amiguitos y amiguitas, apasionados amantes del mundo musical, de la fanfarria, del artisteo y la farándula.
Antes de nada, me gustaria hacer un pequeño recorrido por todos los pasos evolutivos. que ha sufrido nuestra querida musica.

No me voy a remontar en su surgir, hace millones de años en alguna cueva con algún simioide golpendo dos palos, no haré mención ninguna a las arpas y liras de fondo en orgías griegas, ni a los cantos de pajilleros en monasterios perdidos de la mano de dios, tampoco a las obras maestras orquestadas por los llamados grandes clásicos entre pomposidad y lujos, no hablaré de todo ello, lo primero por que no estuve allí, y tambien porque si estuve, no me consigo acordar por más que me esfuerzo.

Quería hablar sobre todo de lo que los jóvenes llamais música moderna, ese estilo rebeldillo que utilizais como elemento comunicativo, de esa manera de hacer ver vuestras rabietas disfrazándolas de arte, de vuestro desprecio a la firme y correcta sociedad establecida con un par de acordes que pretenden ser un desplante
hacia papi y mami, vayamos a ello sin mas dilación:

Érase una vez la tierra prometida, años 50 el ideal americano se había conseguido con el arduo trabajo de papi y mami, él pegó unos cuantos tiros en la Segunda Guerra Mundial y mami rezó por su alma en su idílico hogar, las cosas iban realmente bien.
-casas grandes
-coches potentes
-vecinos guapos
-dinero a raudales
-censura
-orden
-perfección


La juventud era la perfecta heredera, la semilla de ambición de poder que dejar al mundo, de francas sonrisas, con los valores bien aprendidos, cristianos, heterosexuales, y orgullosos; hasta que llegaron esos niñatos con otro tipo de orgullo, la estética del chuleta de James Dean, y la actitud de ese tal Elvis, con esas miradas entre el desprecio y joven incomprendido, con sus cejas fruncidas, con sus chaquetas de cuero, con sus ruidosas motocicletas, con sus botas y sus pelos untados en grasa, y lo peor de todo con esa música del diablo que les hacía contonearse como posesos, haciendo subir la temperatura de los salones de baile.

Su frenético modo de vida restándole importancia a las cosas que de verdad la tienen, preocupándose por vivir deprisa y dejar un bonito cadaver (cuanto daño ha hecho esa frase), desafiando a los mayores, tachándoles de anticuados, era el mundo al revés, los niñatos dueños de las emisoras de radio, para un público de crios, que solo se preocupaban en mover el esqueleto y no por las noticias sobre como su nación domina el mundo.
Ellos fueron la mecha que destruyó la sociedad, Chuck Berry, Bill Haley, Jerry Lee Lewis, Buddy Holy, Bo Diddley y sobre todo ese Elvis, ¡ay ese Elvis!
Desde la libertad de este blog, los declaro culpables.


Pero la cosa no quedó ahí, sino que empeoró y mucho, los chicos estaban perdidos, y su música cada vez era más difícil de entender. Papi y mami ya no se atrevían a inculcarles valores, porque sería como regar un tiesto vacío, un tiesto del que el niño había sacado los pies hacía tiempo, para buscar las flores fuera. Les hablo de la generación de los niños de las flores.

El pequeño Timmy pasaba horas enfrascado en la música, se había dejado crecer el pelo, vestía con ropas holgadas y exóticas, su grupo de amigos era cada vez más numeroso, descuidaba su estética y nunca escuchaba a los mayores. Al contrario, pasaba los dias en festivales al aire libre escuchando a los autoproclamados artistas: Beatles, Rolling Stones, The Doors, Jimmi Hendrix, Janis Joplin, Creedence Clearwater Revival, Jefferson Airplane, The Who, Cream, Pink Floyd, Velvet Underground, Bob Dylan, Yes, Grateful Dead... una panda de drogadictos antisistema a los que seguían como si de líderes de una secta se tratase, gentuza que cantaba acerca de la libertad y la paz, sobre unicornios, arco iris y amor, sobre ideas abstractas que los transportaban a mundos irreales, canciones sobre fantasías absurdas, que los motivaban a usar sus frágiles mentes para un desarrollo espiritual y creativo totalmente inútil, y que los alejaban de los valores establecidos que hacen avanzar una sociedad.

Los escuchaban con la boca abierta, mientras se les caía la baba en medio de un trance provocado por marihuana, LSD, anfetaminas y no sé cuantos demonios más pintados de modernidad. Pero eso ya no avergonzaba a la familia, porque todos los chicos eran igual, los mayores ya no podían hacer nada, había que dejar el futuro de América en manos de América, había que suprimir esa generación de un modo u otro, se les mandó a la guerra, y mientras sus amigos y compatriotas se dejaban la sangre en la hierba de Vietnam, los que se quedaron aquí, se fumaron otro tipo de hierba y se desnudaron.

No se iban a salir con la suya, y cuando les facilitamos el acceso a las drogas, no les dimos las intrucciones de uso, y cayeron muchos, la sociedad iba directa al fracaso.

Hay unos años ahora en los que todo es muy confuso, las drogas se quedaron, el pequeño Timmy era ya un caso más que perdido, pero papi y mami ahora tenían la tele como chamán para sus vacías vidas.
La música se aceleró y aceleró, la psicodelia les supo a poco a la jauría de yonquis zombies que se tenía por juventud y empezaron a surgir otros géneros, el metal se estaba fraguando con los melenudos satánicos de Led Zeppelin, Black Sabbath y Deep Purple.

La música negra se hacia fuerte con sus ritmos pegadizos e instaban a la revolución, el movimiento Black Power, los gritos por la igualdad y por derechos inventados.
Apareció el tal Bob Marley como la primera estrella del tercer mundo, con sus plegarias de amor a una religión que no era católica.
Surgió el punk, como si se hubiesen abierto las puertas del infierno, las calles parecían una pesadilla, pelos de colores, pantalones rajados, cuero por todas partes, crestas pinchos y simbolos anarquistas, el caos en nuestro propio barrio.

Desde el cine, Tony Manero, hace ver que la clase obrera, se puede sentir una divinidad un sábado por la noche, la música disco se hace con la totalidad de locales, y el acabose fueron esos llamados Village People, con una estética de lo más sospechosa.

El mundo estaba girando en el sentido contrario.




Después de ésto, los 80, se quedaron los punkies, aunque de nuevo con la aguja como compañera en su vida, estos chicos descubrieron entre estertores de muerte que el punto de cruz no era lo suyo, y una mayoría se marchó al huerto de los quietos. Se fue su actitud rebelde, sus ganas de tirarlo todo a tomar culo, pero se quedaron sus pintas horteras, imperdibles por todas partes cuando ellos ya estaban perdidos, que si movida madrileña, que si pitos y flautas, pero por ninguna parte se veían personas dignas de sacar este mundo adelante, solo niñatos con ganas de salir en la televisión, todo era moda, reyes y reinas del pop, gente rara a la que imitar en la calle, electrónica, radiofórmulas y sonidos enlatados, que se repiten hasta la saciedad por todas partes.
Tener personalidad en los 80 era tan difícil como tener un piso hoy en día, el pequeño Timmy se había quedado gilipollas, y papi y mami sólo esperaban que fuese tan gilipollas como los que se hacían ricos en la tele que les abstraía, lo mejor que pasó en los 80 fue que pasaron.


Y por si fuera poco, los 90 y su música, el grunge: ruido u mas ruido.
Los gritos de unos niñatos lloricas, que se lamentan porque sus papás no se quieren o no le quieren lo suficiente a él, sin pensar que no tienen tiempo de querer a nadie por traer un plato de comida a la mesa, una vez más egoismo juvenil.

Con letras que incitan a la desidia, a la introversión y posterior marginación poniéndola de moda, con un mesías como Kurt Cobain, que pasó de tímido paleto a vivir dentro de un Gran Hermano en que se cuestionaba si su primogénito nacería con el síndrome de abstinencia.
Al final se le fue la cabeza, literalmente, al techo de su casa.

Aparte del grunge y de hacer lo más de ir sucio y llorar, el otro género musical que salió en los 90, fueron las Boys Band, que en lugar de llorar ellos, hacían llorar a los demás.


Y por fin el presente. Cuando todo estaba perdido, a mis castigados oídos, llega la voz que puede salvarnos, no importa por todo por lo que hemos pasado, por mucho daño que le hayamos hecho a este bello arte, llega el ARTISTA capaz de recomponer el castillo de arena que con tanto empeño la juventud derrumbó.
Esta genereración debería estar orgullosa y aprender al pie de sus letras, la moral, los valores, la buena fe y el saber estar del paladín de la música: El Chivi, pseudónimo de Dani Martín al que seguro conocereis. Artista comprometido que por fin impregna con perversión, necrofagia, zoofilia y sadomasoquismo, este maravilloso mundo, que aún podemos construir entre todos.

3 comentarios:

  1. ¡Alucinante entrada!
    Jajajaja. Me parto la polla XD.

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  2. Es tan tan buena que si no te conociese diría que es de un columnista bueno de opinión!!!
    Genial!!!!

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  3. Increíble! jajaja
    El Chivi es el cambio y no Obama

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